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Lugares de poder >> Dreilandereck, Basilea, Suiza

Llueve.
El tranvía frente a la estación de Basilea espera con las puertas abiertas. Sale hacia el norte. En la última parada, bajo la tormenta, se ve una zona industrial. Vías de tren, unos canales, vallas, contenedores. Al fondo, parece verse el Rin. Unas señales indican la dirección.
La orilla de río parece un lugar no demasiado popular. Hay unos pequeños embarcaderos. Más adelante, una cornisa reguarda un poco del agua que cae. El lugar de poder está cada vez más cerca. Los puntos en los que se unen tres países siempre son buenas opciones para que buscar concentraciones de energía.
Quizá sea un poco tarde para hacer visitas. Entre las nubes y que los días aún no son muy largos, es más oscuro de lo que toca. Al menos, la guía dice que al final del camino hay un restaurante. Hay que abandonar la cornisa y mojarse. ¿Seguro que no cabía el paraguas en la maleta?
Se acaba el muelle. Pero esto todavía es Suiza. Al otro lado del canal, al norte, Alemania. Y en la otra orilla del río, al oeste, Francia. Es decir, que el tripunto realmente está en medio del Rin, en el lugar en el que se unen las fronteras. Aquí no hay ningún lugar de poder.
¿Entonces? El mapa llama a este punto "el rincón de los tres países" (Dreilandereck). Está el restaurante del rincón de los tres países. Las señales también lo llamaban así. Pero no está. Al menos, no está donde dice estar. Así de empapado, ya daría igual tirarse al río y llegar al lugar real. Pero tampoco creo que merezca la pena.
Y encima, el restaurante está cerrado.

Lugares de poder >> Monte Sinaí y la zarza ardiente

Como todo el mundo ha leído, la Biblia cuenta que hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano, estaba Moisés apacentando un rebaño de su suegro cuando, sin anunciación previa, empezó a arder una zarza que, inopinadamente, decidió no consumirse con el fuego. Y de la zarza salía una voz, que se identificó como Dios y que le dijo a Moisés que había sido elegido para una misión: llevar a los judíos perseguidos desde Egipto hacia la tierra prometida, actualmente conocida como Israel. Antes de cortar la comunicación, la voz, ante una pregunta de Moisés, declaró muy claramente: "yo soy el que soy".

El resto de la historia es cinematográficamente conocida, especialmente la parte de cómo cruzan los judíos el mar Rojo al salir de Egipto, separando las aguas de una forma muy espectacular y muy difícil de conseguir incluso ahora.

¿Dónde está ahora esa zarza? ¿Sigue ardiendo? ¿Sigue hablando? Las respuestas, por orden, son: al pie del monte Sinaí, no y no. Pero pincha.

La mejor manera de llegar a este indudable lugar-planta de poder es desde la ciudad-resort egipcia de Sharm el Sheik, tras unos días bajo el agua viendo arrecifes de coral a profundidad de snorkel.

Cualquier guía, por unos 50 eurazos, organiza excursiones para ver amanecer en el monte Sinaí y el sitio de la zarza, sin duda la mejor experiencia de la zona después de los peces de colores.

¿Que cómo son estas excursiones..? Siga leyendo, por favor.
Hacia las 10 de la noche, hora local, un guía aparece en la puerta del hotel con un minibús y una sonrisa jeroglífica egipcia. El grupo sube al autobús. Allí, el guía explica que esta visita será compartida con unos turistas rusos, hasta completar el aforo del bus. Una vez recogidos todos los viajeros-al-lugar-de-poder, los guías paran en una gasolinera para comprar unas cocacolas y otras bebidas incluidas en el precio. Entre las 11 y las 12, dejamos la civilización camino del desierto sinaitico. En ese punto, ya es bastante claro que las normas de seguridad en carretera son una convención occidental que no le interesan en absoluto a un conductor egipcio.

El auto loco hace una parada exactamente en medio de la nada, para que los guías puedan fumar y el resto puedan ver las estrellas y matar el tiempo haciendo otras cosas. ¿Qué cosas? Pues, por ejemplo, cuando el guía dice "todos a bordo", resulta que faltan 2 personas, una pareja rusa de un hombre entrado en años y una chica bastante joven. ¿Dónde están? Al borde de la penumbra, casi donde ya no llegan las luces del autobús, se distingue al hombre de pie, mirando al frente, y a la chica en cuclillas, frente a la parte más o menos central de la anatomía del hombre erguido. Por supuesto, nadie sabe muy bien qué pasa allí, casi no se ve nada.

Sigue el viaje. Hacia las 3 de la mañana, se llega al monasterio de Santa Caterina, al pie del monte Sinaí, construido sobre el lugar en el ardió la zarza. Está cerrado, pero no así unas tiendas junto al párking. La excursión va a continuar a pie, hasta la cima del monte. Los viajeros-al-lugar-de-poder, como están en Egipto, llevan poca ropa de manga larga. Y piensan que tal vez tendrían que haber llevado más cuando ven que el guía se pone un forro polar. Ya se descifra la risa jeroglífica del guía, cuando vio entrar a todo el mundo en manga corta.

Gracias a la liberalización horaria egipcia, las tiendas convenientemente abiertas a la hora que llegan los minibuses venden bufandas, sudaderas, pañuelos... Una vez completado el vestuario, se inicia el ascenso. Unos camellos-taxi pueden hacer que el camino sea menos fatigante. Algunos optan por ellos, pero los viajeros-al-lugar-de-poder de verdad saben que el camino se hace al andar. Así que, equipados con linternas, se ponen en marcha. A más altura, parece que el frío aumenta. Pero ¿no hace siempre calor en Egipto?

Justo antes del tramo final, además de un quiosquillo que vende bebidas calientes, hay alquiladores de mantas. Lo justo es alquilar una, porque ahora toca esperar en la cima a que amanezca. Han sido un par de horas de nada de ascenso a oscuras. Y a las 5 amanece, que no es poco. How much for this blanket? Da igual lo que diga, porque con la ropa sudada es necesaria. La manta, seguramente lavada por última vez cuando pasó lo de la zarza ardiente, te deja en el cuerpo los auténticos picores del Sinaí, tal vez una de las plagas de Egipto.

Pero, ¿qué más da? Estamos en un lugar de poder. ¡Ácaros al poder! A las 5 o'clock, más o menos, un resplandor anaranjado indica que está a punto de pasar algo realmente espectacular. En efecto, un grupo de suizos y alemanes (¿dónde está esa pareja rusa?) empieza a aplaudir y vitorear al sol, porque cuando el sol llega así, de esa manera, uno no se da ni cuenta. Así, ya todos germánicamente avisados de que el sol estaba llegando, decidimos prestar atención al horizonte. Y poco a poco, el sol, fiel a su rutina diaria, va avanzando hasta que llega un momento en el que tiempo verbal de amanecer ha de conjugarse en pasado.

Por desgracia, el día es muy bueno y no hay truenos, relámpagos, nubes, fuegos ni trompetas celestiales, por lo que no hay casi posibilidades de que él, que es el que es, haya decidido entregar de nuevo, a alguno de los allí presentes, unas tablas de la ley, con diez mandamientos, teniendo cuidado, esta vez sí, de que no se rompa ninguna de las tablas.

Hay que volver. Nos despedimos con tristeza de todos esos organismos de la manta al devolverla. El guía no espera: tal como ve que ya está el grupo con él, inicia un frenético descenso. Ah, no, eso no, amigo. No nos vas a dejar atrás. En un poco máś de 30 minutos, con riesgo evidente para los tobillos, estamos en la entrada del monasterio, que abre a las 8 AM. El resto del grupo, en un gran ejemplo de cómo preferir conservar los tobillos sin torcer a llegar rápidamente a una puerta monasteril cerrada, van llegando varias decenas de minutos después.

Una vez reagrupados, el guía inicia la explicación de lo que hay dentro del monasterio. Algunos flojillos dejan que se les cierren los párpados. Al reabrir los ojos, hacen una pregunta al guía, como para demostrar que estaban siguiendo. Pero el guía, que debe pensar que por 50 euros no hay que soportar según qué cosas, le responde que eso ya lo ha explicado, que no lo va a volver a explicar, y que no es culpa suya de que sea un flojillo y se esté durmiendo. Este es un mal ejemplo de viajero-al-lugar-de-poder.

Todo lo bueno llega: el monasterio abre y por fin... Allí está. Con sus hojillas, pinchos... La heredera por tradición de la zarza ardiente y habladora. Una mata zarzádica junto a un muro. Al lado, una roca que conserva las huellas de Moisés de cuando puso allí la mano e hizo brotar agua. Del manantial aún brota agua, aunque hoy mucho más mecánicamente que de forma milagrosa.

El monasterio de Santa Caterina conserva muchos edificios y documentos de interés, pero no se pueden visitar y el guía no quiso repetir los que eran.

A las 10, tras pasar por un hotel para desayunar, de nuevo en el minibús, de vuelta a Sharm, con los rusos y el conductor que inspiró muchos videojuegos de conducción salvaje. Sanos y salvos, el parte de los viajeros-al-lugar-de-poder es de una noche sin dormir, un amanecer bíblico, picores sinaiticos, todo el organismo alterado, todos los horarios cambiados, los dedos sangrando por los pinchazos de la zarza y la sensación de que Moisés tenía un 50 de mano.

El monasterio de Santa Caterina (web oficial) es un complejo religioso gestionado por la iglesia ortodoxa griega y patrimonio de la humanidad de la Unesco. La página web tiene información del complejo y de la tradición histórica y bíbilica alrededor de él.
Fotos hechas por Nautilia: amanecer en el monte Sinaí y la zarza en el monasterio.

Más lugares de poder...

La colonia de Colonia >> Lugares de poder

Al bajar del tren, en la estación de Colonia, sólo hay un objetivo: encontrar el lugar en el que se creó la colonia, el agua de colonia, eau de cologne, Kölnisch wasser. Snif, snif... No es posible llegar a él a través del olor, porque, en general, muy poca gente tiene la nariz del protagonista de 'El Perfume'. Hay que buscar ayuda.

Pero la primera ayuda es confusa. Tal vez quiere impedir que lleguemos a nuestro objetivo. El ayudante cree que hay dos aguas de colonia originales. Pero sospechamos que eso no es posible. Una llamada 4711 y otra llamada Farina. 4711 tiene poder y muchos recursos. La ciudad de Colonia está llena de anuncios de 4711, en la que se promociona como 'Echt Kölnisch Wasser' (el agua de colonia original). Eso nos hace desconfiar.

No sabemos cómo salir de esa confusión. Así que lo mejor es acudir a las fuentes. Vamos a la gran tienda de 4711 en Glockengasse (mapa) y la pequeña tienda Farina en Jülichs-Platz (mapa) para intentar sacar el agua clara. Y en esta última, en una esquina, una placa de mármol (y un diccionario) nos permite empezar a descubrir qué ha pasado: estamos en el lugar en el que se creó la fragancia.

Para profundizar más, entramos en la tienda y los dependientes, advertidos del único objetivo que nos ha traído a Colonia, nos hablan de la colonia. Y explican que Farina, un perfumista italiano que se estableció en la ciudad, consiguió crear una fragancia fresca y suave. Fue bien recibida y decidió llamarla con el nombre del lugar que le acogió. Y desde entonces, manteniendo la misma fórmula, la familia produce agua de colonia y la vende en una tienda que está situada en el mismo lugar en el que Farina, que vivió en el siglo XVIII, residía y tenía el taller.

¿Y 4711? Pues, según los Farina, es un caso de copia. Se ve que un comerciante de Colonia quiso crear y vender una fragancia similar a la de Farina. Pero nadie de la familia le cedió la fórmula. Y entonces, aunque quiso usar el nombre de Farina para un fragancia similar que él había creado, la familia lo acabó impidiendo. Entonces decidió adoptar el nombre 4711, un número que tenía alguna significación para el comerciante.

4711 ahora es producido por una multinacional con recursos, como se ve en su gran tienda de Glockengasse, mientras que la original Farina, que tiene como logotipo un tulipán rojo, sigue siendo una empresa familiar gestionada por los descendientes del creador de la colonia.

Nos quedamos en la pequeña tienda de la Jülichs-Platz, oliendo los botes expuestos, snif, snif, y sintiendo el poder que emana de ellos. Un vórtice de poder aromático.

Links: Farina/agua de colonia orginal (tiene una pequeña historia en castellano), Museo del perfume Farina, 4711 (tiene versión en español), tienda de 4711 en Colonia.

Más lugares de poder...

Parque España >> Lugares de poder

En un lugar de Japón, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que había un parque de atracciones de los de Quijote como mascotas, plazas gaudinianas, japonesas flacas vestidas de sevillanas y atracciones corredoras.
Una comida rápida más de paella que sushi, fast-food los más de los días, fiesta de las sevillanas los sábados, estatuas de Colón los viernes y no demasiada gente de añadidura los domingos, consumían tres partes de su tiempo en la montaña rusa de Montserrat. El resto de él lo concluían en el tiovivo del Park Güell, en la tienda de souvenirs dalinianos para las fiestas, en el castillo valenciano, en la plaza Mayor o en la Boqueria. Tenía en su casa un grupo de animadores españoles que no pasaban de los 40 y unos japoneses acompañantes que superaban los veinte, y ese grupo de animadores se pasaban el día bailando sevillanas y diciendo "hola, hola".

Frisaba la edad de este parque de atracciones con los quince años. Era de complexión media, escaso de público, amable de rostro, de alto precio y amigo de España. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Parque España. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.

Es, pues, de saber que este sobredicho parque, al que se acudía los ratos que se estaba ocioso, se daba a copiar tópicos españoles, con tanta afición y gusto, que olvidas casi de todo punto que estás en Japón y aun en la península de Izu; y llega a tanto su curiosidad, que es un lugar atractivo por lo raro y lleno de poder. Y así, llegados allí, no sin dificultades, ningún lugar de país nipón parece más fascinante para el viajero como este que compone Parque España, porque la extrañeza de sus copias y aquellos entricados espectáculos musicales suyos pueden parecer atractivos. Y más cuando llegas a ver estatuas de Cibeles, escaleras con dragones gaudinianos transmutados en figuras de Dalí, farolas paseograciencas, montañas rusas con el nombre de Montserrat y otros desafíos. En muchas partes parecía poderse pensar: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura».

Con estas razones pierde el pobre visitante el juicio, y desvelase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Instituto Cervantes, si subvencionara tal delegación cultural hispánica. Pero, con todo, el viajero alaba en sus creadores esa sensación de inacabable aventura, y muchas veces le vienen deseos de de subir a las atracciones, rodear un Montserrat de cartón-piedra, hacerse fotos con Don Quijote y Sancho Panza o descubrir dónde apunta Colón.

Tuvo el parque muchas veces competencia con otros que intentaban imitar a Holanda o a Italia, también en Japón. Si alguno se le puede comparar es el holandés, porque tiene acomodada condición. Pero sin duda, ninguno tiene más poder que Parque España. Vale.

Parque España es un parque de atracciones inspirado en España que está en Japón, a dos horas al sur de Nagoya (mapa). En la página web, que está sólo en japonés, se puede descargar un pdf fascinante en inglés con la descripción de las atracciones y el mapa. Se puede llegar desde Nagoya combinando tren (hasta Ugata, en la compañía privada Kintetsu) y autobús (parada 5 al salir de la estación). Pases para un uso ilimitado de las atracciones: 4.800 yenes (1 día, adulto, precio de finales del 2007).

Nautilia ha estado en Japón y dedica algunos artículos a este país. En el especial: cultura, alojamiento, transporte, preparar el viaje, mapas, guías, aprender japonés, Japón de la A a la Z y Parque España.

Fotografías, desde arriba: calle típica andaluza con japonesas vestidas de sevillanas; estatua de Colón señalando a Tokio (sic), plaza de la Cibeles, con el mercado de la Boqueria y animadores bailando sevillanas; montaña rusa Gran Montserrat desde las alturas; una de las carrozas del desfile musical, llamada 'España'; una propuesta de si Dalí o Miró hubiesen hecho el Park Güell, en vez del dragón; el grupo de animadores españoles del parque con el autor de este blog.

Lugares de poder >> La tumba de Hegel

La subsunción de Hegel, el filósofo alemán, en este lugar aquí su máxima expresión. Todas las fenomenologías de nuestro espíritu se concentran en este punto, un vórtice de poder que da ganas de gritar '¡Dios ha muerto!' (más o menos).

La tumba puede no ser bella, pero si creemos que lo es, sin duda será una manifestación sensible de la idea. Y en tanto que Hegel descansa aquí, podemos decir que, a la vez, la razón descansa, ya que tiene su fin en sí misma.

Ante la lápida, no nos podemos dejar llevar por los sentimientos, aunque sea Hegel el que esté ahí, por que lo que se tiene en el sentimiento es completamente subjetivo, y sólo existe de un modo subjetivo. El que dice: "yo siento así", se ha encerrado en sí mismo.

Y si creemos ver el espíritu de Hegel deambulando por el cementerio, hemos de recordar que el espíritu reside en sí mismo; y esto justamente es la libertad. Todos sabemos que el espíritu consiste justamente en tener el centro en sí.

Al final de la visita, antes de salir del cementerio, oyendo de fondo el misterioso sonido que genera el empleado que está barriendo las hojas caídas, hay que declamar "todo lo racional es real; y todo lo real es racional", uno de los grandes pensamientos que nos dejó el filósofo alemán.

Al salir, veremos que todo esto ha sucedido el cementerio Dorotheenstädtische de Berlín (Alemania) (mapa), en la zona norte de la ciudad. Este cementerio acoge, entre otros y además de a Hegel, al dramaturgo Bertolt Brecht, al filósofo Fichte y al novelista Heinrich Mann. Pero sin duda la máxima energía se concentra alrededor de la tumba hegeliana. (Wikipedia da la lista completa de los famosos que están enterrados aquí.)

Al llegar al cementerio, hay que tener en cuenta hay otro puerta con puerta, y que es fácil entrar en uno creyendo que es el otro. El 'otro' es el Französischer Friedhof, más pequeño, en el que hay enterrados algunos franceses que vivieron en Berlín.

La mejor época para la visita es el otoño, con los árboles en tonos marrones y los caminos cubiertos por la hojarasca.

(La foto del cuadro de Hegel es de la Wikipedia)

Lugares de poder >> Memorial Dodi-Diana


Las pirámides se asocian tradicionalmente con vórtices de energía. Siempre han tenido un componente místico y mágico, desde el tiempo de los faraones egipcios hasta el desenlace de 'El Código Da Vinci' en las pirámides del Louvre.

Por todo esto, Mohamed Al Fayed, dueño de los grandes almacenes Harrods de Londres, eligió la forma piramidal para crear un pequeño monumento conmemorativo en memoria de Dodi al Fayed, su hijo, y Lady Di, que murieron en 1997 en un accidente de coche en París.

Situado en el primer sótano de los almacenes, al final de las escaleras egipcias (Al Fayed nació en Egipto), el monumento rinde tributo a la última noche de los presuntos amantes. En el interior de la pirámide, de cristal, hay una copa de vino que usó la pareja en la última cena de ambos, en el hotel Ritz de París (propiedad también de Al Fayed). En cierto modo, se puede relacionar con el santo grial, otra copa, y con la última cena.

La pirámide está rodeada por unos adornos florales y sobre ella, una foto de los dos homenajeados. Suele haber música clásica de fondo para crear una completa experiencia memoralística.

Es conveniente completar la visita a este lugar de poder yendo a lo más alto de las escaleras egipcias, en las que se revela al visitante una reproducción de una estatua faraónica... con la cara de Mohamed al Fayed.

En definitiva, uno de los lugares más mágicos de Londres (mapa)

Lugares de poder >> La casa de Heidi

Heidi, un personaje mítico para los nacidos en los 70 y también para muchos japoneses de todas las edades.

Aunque Heidi es un personaje de ficción, sí existió su creadora, Johanna Spyri, escritora suiza del siglo XIX. Johanna pasaba muchos veranos en una zona de los Grisones, alrededor de Maienfeld (mapa), y allí situó la acción de su obra más famosa, Heidi.
Más de un siglo después, unos señores japoneses hicieron una versión extendida de la historia en dibujos animados. Y desde ahí...

Suiza ha restaurado una casa, la Heidihaus (Casa de Heidi), a las afueras de Maienfeld. Su interior reconstruye escenas de la vida en el campo en aquella zona.

Esa casa, que justifica sin duda un viaje a Suiza, está en el Heidiland (país de Heidi), en el que se puede encontrar, entre otras cosas, un Heidiweg (Camino de Heidi), una Heidibrunnen (Fuente de Heidi)...

El Heidiweg tiene dos versiones. La larga pasa por la casa del abuelo en lo alto de las montañas.

Junto a la Heidihaus hay algunas cabras, además de una oficina de correos que puede matasellar una postal que se envíe desde allí con un motivo heidiniano.

Tal vez el único motivo de intranquilidad para el visitante sea que la inconografía suiza de Heidi no es la japonesa.

Para llegar a la Heidihaus desde Zúrich, tómese un tren hasta Sargans (adonde llegan también los autobuses urbanos de Liechtenstein), y desde allí un tren local hasta Maienfeld. De la estación a la Heidihaus hay unos 20-25 minutos a pie.

Un pdf con más información del Heidiland (en alemán)

Heidihaus en Google Maps y en Google Earth (kmz)